Durante la preparatoria cometí muchas estupideces. También hice cosas interesantes, entre ellas, conocerla a ella. Ella, fue mi novia durante la preparatoria. Realmente la amé, fue mi primer relación de noviazgo seria.
La conocí de una forma muy tonta. Yo conocía a una persona, Masa. Él estaba con una chava que era amiga de ella en la coordinación escolar. Ella se iba a cambiar de grupo y estaba haciendo el tedioso trámite para cambiar a una persona de un grupo por otra. Así la conocí.
No tuve una buena primera impresión de ella. Ese día no iba maquillada y tenía la costumbre horrible de “jugar” pesado con sus amigas, donde pesado es esa moda que tuvieron las mujeres de mi generación y generaciones cercanas a comportarse como si fueran lesbianas. Yo no estaba acostumbrado a eso y de hecho era una de las primeras veces que lo veía, así que naturalmente pensé que era lesbiana.
De hecho así lo pensé hasta el día en el que me di cuenta que me veía y me abrazaba diferente. Yo soy realmente malo para darme cuenta de eso, así que hasta que fue realmente obvio, no lo noté. Poco tiempo después me senté adelante de ella. No me senté a lado de ella porque en un grupo de 40 personas, la elección de lugares es un poco complicada.
Después me cambié de lugar, la verdad sólo lo hice para ver si me seguía. Me siguió. Pronto comenzamos a pasar mucho tiempo juntos. Descansos, horas libres, salidas y demás tiempo que tienen las personas normales en la preparatoria. Pasó el tiempo, llegó su cumpleaños, salimos de vacaciones y un día de enero, comenzamos a ser novios.
Desde el principio hubo problemas. Hubo un sin fin de pleitos porque ella estaba acostumbrada a una vida con una extraña definición de libertad que no iba conmigo. Aún así, duramos los siguientes seis meses que duró quinto de prepa. Pronto llegó el verano y solía procurarla lo más que podía. Meses atrás se cambió de casa, un día de febrero. En lugar de vivir a más de 10 kilómetros de mí, más tráfico, comenzó a vivir a menos de seis, con relativamente poco tráfico.
Comenzando el sexto año, ambos sabíamos que muchas cosas comenzarían a pasar en nuestra relación porque pasamos de estar juntos todo el día a sólo una o dos horas diarias a excepción de los viernes. Los viernes siempre la veía en su casa o en ocasiones, salíamos. Mi vida era buena con ella, sin embargo la suya conmigo no tanto. Ella es una persona distinta a mí. Yo necesitaba su compañía, ella necesitaba salir. Ese problema duraría los siguientes meses y años.
El último año de la prepa voló, no sin muchos problemas. Me decepcionó tantas veces que no puedo listarlas todas. Por alguna razón que desconozco, siempre volvía a confiar en ella. Habia algo en ella que me llamaba y me pedía que lo volviera a hacer. Una, otra y otra vez. Hasta que llegó el día en el que esa mujer rosa, tierna y algo hippie se apareció en mi vida.
Para entonces, yo ya tenía muchísimos problemas con ella. Me enteré de muchas cosas que no quería saber. Decidí que era la última vez que me decepcionaba y que se terminaría mi relación con ella. No pude hacerlo por el amor enfermizo que le tenía. Le mentí para alejarme de ella. Le fallé por estar mejor.
Mi relación con esa mujer algo hippie no duró demasiado. Tuve la estúpida idea de comenzar una relación con ella al poco tiempo de haber terminado otra. Fue muy inmaduro. Además de que la relación con la mujer algo hippie no era necesariamente la definición de sentimientos estables, por lo que pasados algunos meses, se terminó de la misma forma fugaz que comenzó.
He de ser honesto. Tuvo bastante que ver el recuerdo que aún me acosaba de ella. A pesar de que a nadie le gustaba mi relación con ella, ninguno de mis amigos la apreciaba y a mis papás no los terminaba de convencer, descubrí que quería regresar con ella. Así pasó y terminamos casi inmediatamente. Luego otra vez. Y otra.
Eventualmente nos separamos de nuevo tras tratar de llevar una vida en común de nuevo, fallida, de nuevo. Pasaron los meses. Conocí a varias mujeres. Ninguna de ellas cumplía con los requisitos. La que más se acercó, una gran amiga cuyo screen name es el de una sirena, estaba pasando por algo similar a lo mío.
Aquella sirena tuvo un impacto extraño en mi vida. La verdad es que me gusta poco, físicamente, hasta el día de hoy. Sin embargo por dentro, es otra historia. Está un poco loca y tiene ideas que también me parecen desatinadas, pero es una mujer súmamente inteligente. Lo que más me gusta de ella es que, aunque sabe perder, no sabe tirar la toalla. Por lo que hay debajo de su piel, me enamoré de esa mujer.
Alguna vez se lo dije. “Yo no siento nada químico por ti. Realmente te quiero por la idea que representas y por ti, no por lo que que eres, físicamente. No siento el crush”. Creo que, si hoy en día siento ese nivel de confianza y amistad por ella, es precisamente por esos momentos que pasé con ella. Me abrí a ella y ella se abrió a mí. La llegué a conocer aún más y ella hizo lo mismo.
Le conté en varias ocasiones de ella. Nunca llegué a nada sentimental con ella por varias razones. Durante ese tiempo con ella me di cuenta que si tenía algo con la sirena, probablemente duraría poco, pero aún así lo busqué. Tal vez fuera un mero experimento pero aunque durara poco, siempre y cuando estuviera consciente de ello, podríamos ser amigos sin problemas.
Yo era un hombre dolido y solo. Ella era un mujer sola y confundida. Durante los finales de ese semestre, estudiamos juntos todo lo que pudimos. Ahí fue cuando caí en la cuenta que no sólo era una amiga y un amor pasajero. Era además una gran aliada. Tiempo después esto quedaría claro, aunque ya es otra historia. Al final, no pasó nada con ella, pero un cierto día de inesperado, hubo otro gran cambio.
Ella regresó por última vez a mi vida.
Un día de frustración recibí un mensaje suyo, que no había escrito ella pero que me orilló a llamarla. Aunque mi sirena nunca me dijo nada, me dio varias indirectas raras de celos. Fue por eso de hecho, que esta vez le pedí a ella que eliminara mi número, para eliminar toda posibilidad de reencuentro. O eso creí cuando se lo pedí. Nos quedamos de ver en la escuela donde solía trabajar su mamá. La vi y me puso la misma cara que al final de esta etapa. Una cara que no llega a demostrar desprecio pero muestra el poco cariño que siente hacia ti.
No sé realmente por qué me interesé tanto si ese día se mostró tan fría hacia mí. He llegado a pensar que fue la desesperación, la necesidad de estar con alguien, con quien fuera. Pasó el tiempo y pasaron más y más cosas. Eventualmente le pedí que regresara conmigo, sabiendo que me había mentido, decepcionado y que ella no quería regresar conmigo.
Lo hizo. Tampoco entiendo por qué, me confesó después que ella no quería regresar conmigo. Supongo que ella se sentía feliz llevando una vida con un círculo de amigos y tomando decisiones que me parecen incorrectas y también me parecería incorrecto publicarlo aquí. Eso se fue cuando ella y yo comenzamos a salir de nuevo.
Comenzaron a pasar los meses de nuevo. Comenzaron a surgir los problemas de nuevo. Conforme se agravaban trataba de pensar en que había cosas muy buenas en nuestra relación. Me empeñaba en pensar que ella estaba conmigo cuando la necesitaba, además de que me sentía cómodo teniendo contacto físico con ella. La abrazaba y me olvidaba de todo.
Pasaron más meses. Volaban. Cuatro. Cinco. Seis. El tiempo no existió con ella en esa etapa. La verdad es que me enamoré de ella y esa vez, no quería dejarla. Los problemas eran inexistentes, simples borrones que no tomaba en cuenta para nada. Dejé de ser yo, por ella. Dejé de calcular, dejé de pensar para únicamente sentir. Me puse en sus manos sabiendo que la estadística afirmaba aproximadamente veinte a uno que me volvería a fallar, y dolería mucho.
La verdad es que fue en ese momento cuando me di cuenta que aunque al principio no quería exactamente estar con ella, por ella, en ese tiempo realmente la amaba. Me sentía bien con ella y no me molestaba dejar pasar oportunidades con otras mujeres, algunas realmente bellas.
Hubo un lapso relativamente corto en el que ella necesitaba una vez más su vida pasada, sin compromisos. Yo le dije desde eso pasaría eventualmente y que sería al final de nosotros. Comenzó a buscar cada vez más a sus amigas con las que digamos, tenía una buen relación y sus amigos de la escuelas con los que no me interesaba en lo más mínimo acercarme a ellos, a un kilómetro a la redonda. Ese día de verano, se fue a una fiesta. Yo no quería ir a picarme los ojos, principalmente porque ya no usaba lentes de contacto.
Ese día le dije a la sirena que si nos veíamos. Ella estaba en la escuela, acababa de pasar por algo duro con el novio y me dijo que sí, que nos veíamos. Ya sé, todos me dijeron que “qué poca madre”, que “eso no se hace” y demás. Pero ella igual era mi amiga, de hecho era más mi amiga y era más importante en mi vida en ese momento que medio año atrás. La necesitaba, así como ella a mí. Llegó a mi casa con la típica sonrisa radiante que suele usar cuando se alegra de verme.
Fue muy extraño. No recordaba que ella me sonriera con la misma calidez que la sirena. Entramos y mi perra Meggane se le lanzó encima, a ladrarle. Saludó a mis papás como si nada. Tal vez me sorprendió tanto porque ese fue otro gran problema con ella. No sé si le daba pena, nervios o qué, pero fueron muchas ocasiones en las que quedé mal parado con mis papás por ella.
Y de pronto llega la sirena, se porta como si los conociera de tiempo atrás, vamos, hasta la invitaron a cenar. Mi padre que suele ser el serio, que no hace comentarios a menos que sea absolutamente necesario le platicó. Acto seguido, terminamos botados en el sillón de mi sala, platicando de la primer cosa que se nos ocurriera.
Llegó el siguiente momento raro. Podía hablar con ella de todo, no tenía que elegir los temas, buscando algo compatible entre ella y yo. Hablé con la sirena una buena parte de la noche hasta que se fue a su casa. Sabía que a ella no le iba a parecer en lo más mínimo que siquiera la hubiera traido a mi casa, pero bueno. Ella estaba en sus asuntos y yo en las míos.
Efectivamente, se enojó. Me dijo que si ella hiciera lo mismo, seguro la terminaría. Recuerdo bien el momento. Lo que ella nunca dijo, es que de hecho eso pasaba. Ella hacía lo mismo.
Siete. Ocho meses. Comenzó a mentirme. Tomando en cuenta que yo le mentí en el pasado y en ese tiempo, la verdad es que es justo. A ella le gustaba alguien más. Podría describir a la persona, pero no estoy seguro de que valga la pena. Sé que se acostó con varias mujeres facilonas de mi grupo de quinto. También ilusionó a una amiga de ella para mostrarle a un amigo suyo “lo puta que era”.
Ella, siempre tan linda, siempre tan ilusa. Siempre caminando entre la mierda sin tener cuidado.
Yo sabía lo que pasaba. Sabía que yo ya no era lo mismo para ella. El desamor se hizo muy evidente, no sólo de su parte, también de la mía. Se acabó todo y no tengo la necesidad de mentir más. La verdad es que toleré eso por mi miedo a estar solo. Lo toleré por su compañía, no por su amor. Tenía ya un tiempo que no me entregaba su amor. Yo hacía lo posible por entregarle el mío, pero era complicado ya.
Tenía tiempo también de dudar sobre si estaba haciendo lo correcto. Hubo una vez de varias, que fui a una fiesta de XV años. Dada mi obsesión por ella entre otras cosas, no quería ir. Llegué, me dijeron donde sentarme y “Oh, vaya…”.
Un metro, setenta. 34-B. Cabello castaño claro. Ojos café claro. Tacones blancos bajos. Un vestido bonito, destapado de la espalda y corto, sin llegar a ser demasiado show. Sólo lindo. Era una muñeca, una de esas mujeres que encuentras una vez cada mucho tiempo. Me senté a su lado con un pretexto muy estúpido. La chica linda.
Estaba consciente de que ella, era mi novia y tenía un compromiso, sin embargo quería saber más de la chica linda que tenía frente a mí. Fue toda una prueba. Me pidió que bailáramos y dado que todos se pararon a bailar, no tuve de otra. Bailé con la chica linda.
Básicamente fue horrible. Soy un tronco y no puedo bailar, pero bueno, lo intenté. Poco a poco se comenzó a pegar a mí. Estaba planeando salirme por la tangente hasta que se detuvo y me dijo que ya se había cansado. Nos sentamos y le dije que ella era mi novia. Le conté un poco sobre la larga historia que implicaba, con el único propósito de dejarle claro que si no le hacía mucho caso, era porque tenía un compromiso con ella, no porque su sonrisa y su mirada coqueta no me mataran cada vez que me veía con el único propósito de provocarme esa sensación.
No le pedí su número. Sabía que si se lo pedía, cuando terminara con ella, iba a correr hacia la chica linda. Además, vive lejos y aunque no lo parezca, me saca dos años. No es que estorbe mucho, pero en ese momento buscaba cualquier razón para convencerme de que mi relación con ella era más importante.
Esa fue la oportunidad más grande que dejé pasar por ella. Fue la prueba más difícil definitivamente. Lo único, tal vez, más difícil fueron los últimos meses. Peleabamos todo el tiempo. Ella quería una vida distinta a la que tenía conmigo y una serie de eventos desencadenaron el final no sólo de nuestra relación de noviazgo, también de amistad.
Las cosas comenzaron drásticamente a perder todo un miércoles, que cuando me dijo que ya no sentía lo mismo. Lo genial fue que yo regresé a su casa esa tarde porque me importaba mucho y aunque tenía mucho que hacer, decidí trabajar en su casa que era mucho menos cómodo con tal de pasar la tarde con ella.
Así fue como nos enfilamos a nuestro último mes juntos. Comenzó a volarse clases, algo que no me sorprendía, pero sí me llamaba la atención que lo hiciera de esa forma. Decidió un día que debíamos de terminar y me lo dijo por teléfono. Ni siquiera sé cómo pasó, simplemente pasó. Canceló nuestros planes del fin de semana y se fue con sus amigos.
Me enojé, pero decidí dejarlo pasar. Además, de nuevo vi a la sirena ese día. Y ahí fue cuando noté que la magia por ella también se me había acabado. Llegó y saludó a mis padres con su típica forma dulce, de nuevo. Volvieron a surgir las dudas. Volvimos a botarnos en el mismo sillón de la vez pasada. Volví a abrirme con ella, volvió a abrirse conmigo. Hablé con ella toda la noche, pero a diferencia de como hablaba con ella, de una forma forzada, con la sirena simplemente hablaba y hablaba, largo y tendido. Sin temor a nada.
Después de un último tortuoso mes, el miércoles 15 de septiembre, fecha que recuerdo exclusivamente por el bicentenario de mi querido país, llegué a su casa y terminamos. Fue otro momento extraño. Ella me dijo que ya no me quería y que teníamos que terminar, pero cuando me di la vuelta para irme empezó a llorar y me preguntó que si ya me iba. Fue la última muestra de esa incertidumbre tan característica de mi relación con ella.
Me fui y decidí festejar tanto el bicentenario del inicio de la independencia mexicana, como el inicio de la independencia de mi vida. No mentiré, me la pasé bien pero fue raro. El jueves empecé a sentir que la extrañaba. Le mandé miles de mensajes. Le escribí un par de correos. Le llamé. No me contesto nada.
Llegó el viernes y hubo reunión en mi casa. Inseguro, fui por una amiga de la prepa que tenía mucho de no ver. Fue el traslado más curioso de mi vida. Ir avanzando en el carro por las calles a un lugar fuera de la rutina fue como ir nadando y sentir cómo el agua se lleva todo. En esa momento, ella ya estaba superada en mi vida.
Me divertí mucho esa noche. Fue la primer reunión en nueve meses en la que no estuvo y he de decir que no me hizo falta para nada. Desde entonces he recibido invitaciones a todos lados y de hecho, ya se abrieron un par de oportunidades interesantes. Aunque como me dijo la sirena, tienes que aprender a estar solo.
Creo que tiene razón. El no poder estar solo fue lo que me llevó a una tortuosa relación con una mujer que no me amaba. Hay cosas que tienes que dejar ir, llegado el momento. Las cosas a la fuerza no funcionan jamás. Me siento aún un poco mal por el hecho de que la extraño, pero no extraño su amor.
Extraño su compañía.
Conforme pasan los días, me doy cuenta que estoy viviendo una etapa completamente nueva. Una etapa mejor. Sé que ahora soy para ella un ardido y algo horrible que pasó en su vida. Los chismes vuelan rápido. También Twitter.
He de ser honesto y debo decir que mi vida es mucho más interesante ahora que ella se fue. Me di cuenta de que no soy tan celoso, posesivo, cerrado y aburrido como ella me lo decía todo el tiempo. No soy tan malo. También me di cuenta de que no soy el hombre que Holywood espera, pero no soy feo.
Así que, ¿Como por qué he de babear por una mujer como la chica linda cuando puedo tener una? No tiene mucho sentido darme cuenta de lo bellísima que es y no pedirle su número por tener un compromiso que era más bien una atadura para no sentirme inseguro.
La quise mucho. Realmente le tuve un amor muy grande. Aún le tengo un poco de aprecio especial, de ese que le tienes al recuerdo de amistades que alguna vez fueron. Tal vez un día me la vuelva a encontrar e incluso pueda volver a ser mi amiga. Lo que hoy sé, que no sabía hace un par de días, es que no quiero que regrese a mi vida como una pareja. Se fue y mi miedo de estar solo, desapareció.
Me di cuenta de que no estoy solo. Siempre hay personas allá afuera que basta con llamarlas y decirles: “Oye, ¡hay que vernos!” para trabar amistades de nuevo. Es lo que pienso hacer en este tiempo, recuperar las amistades que se fueron por ella.
Hoy por hoy, he de decir que siento que me merezco una mujer. Quiero una mujer que me quiera, que me corresponda y que me llene. Aprendí mucho de ella, y en cuanto a la relación, entendí que no tengo por qué babear como idiota por una mujer interesante como la chica linda, cuando puedo tener a una como mi novia. Las cosas están mejores ahora y he de decir que lo mejor de que se haya ido, es que ahora ya no me sentiré mal cada vez que se va.
Farewell, my dear.